Siete veces, desde que tengo memoria, he estado en hospitales. Nunca internado sino acompañando a familiares. Y si agrego las visitas que he hecho a mis amistades, mi conocimiento de lo que se vive en estos sitios es más que suficiente para el texto que ahora presento. Comencé a escribirlo la semana pasada, durante mi más reciente (y nada grata) experiencia en el Hospital del IMSS de la ciudad de Orizaba, Veracruz, y lo termino hoy quizá con más ganas de cambiar unas palabras o de agregarle contenido que en este momento no sé expresar. Dedico los dos últimos cuartetos a ese personal y esos practicantes de cuyos nombres no quiero acordarme.
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VIDA DE HOSPITAL
Es veneno alardeando en una espina;
monolito con base de cristal...
Es el monstruo que pone la piel china
desde el taxi la vida de hospital.
Es silencio y murmullos en concierto;
es audiencia efectuando el recital...
Es Babel, es la voz en el desierto;
indolente es la vida de hospital.
Es terror transparente por tus venas,
sed de zombies con guantes y bozal,
conversión de tu sábana en cadenas;
es angustia la vida de hospital.
Es exceso de blanco en los zapatos,
y es escaso el perfil emocional...
El sarcasmo es suplente del buen trato;
es un circo la vida de hospital.
Autoengaño es que vences a la muerte,
que tu ciencia “no sabe de ese mal”,
que tener cobertura es mucha suerte…
eufemística vida de hospital.
Este hogar es CAÓTICO. Creemos en el Rock Todopoderoso, en la Inmaculada Música Clásica, en todo trovador que plante su voz entre el cielo y la Tierra y en los ritmos y sones nativos del mundo. Creemos también en lo sublime de la palabra escrita, que vivirá por siempre. Sólo aceptamos propaganda protestante contra lo políticamente correcto. Por favor, no insista; no queremos cambiar de Religión.
martes, 14 de septiembre de 2010
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Qué grave estoy ahora, pero si me llevo yo misma de la mano y firmo y pago, -a ese mismo lugar que fuiste- seguro salgo colgando mis zapatos, si antes no se los agencian. Y sólo tengo dos pares.
ResponderBorrarY saldría corriendo, cosiéndome de nuevo, con letras de mis poemas -que alcanzarían a localizarme de urgencia- mi cuerpo hecho pedazos, si es que antes no se lo agencian.
Qué grave estoy,
sin mi lápiz
y sin mi libreta,
pero ni así
encamino a mis piés maletas
al centro de experimentación blanco
que intenta
hacer rentables y victimi-zables las conciencias.
naanlil
*Felicidades