Para un día tan especial, hice esta imagen.
El murciélago canoro de Comala
Este hogar es CAÓTICO. Creemos en el Rock Todopoderoso, en la Inmaculada Música Clásica, en todo trovador que plante su voz entre el cielo y la Tierra y en los ritmos y sones nativos del mundo. Creemos también en lo sublime de la palabra escrita, que vivirá por siempre. Sólo aceptamos propaganda protestante contra lo políticamente correcto. Por favor, no insista; no queremos cambiar de Religión.
martes, 16 de junio de 2020
sábado, 20 de diciembre de 2014
¿Quién se ha llevado a mi Queso?
Hace tres días una abusiva vecina retuvo a
mi hijo Queso en su casa. No puedo decir que lo hizo contra la voluntad del can
pues había una hembra en celo junto a él. Guapo y simpático como cualquiera de mis
hijos, nadie se resiste a su encanto; por eso pensé que alguien se lo había
llevado a su casa, al verlo libre por las calles de la colonia, y que algo peor
no le habría podido pasar pues las
noticias malas siempre tienen alas.
Al segundo día de no ver a nuestro Quesinqui
nos invadió la tristeza pues creímos que se había ido para siempre. Sólo deseábamos
que quien lo tuviera lo tratara mejor que su propia familia (suele suceder), y,
personalmente, estaba arrepentido de no haberlo cuidado lo suficiente y de darle
la libertad que todo ser viviente necesita.
A pesar de eso, hoy, al levantarme, esbocé
un amargo “¿Quién coño me ha robado a mi Quesín?”, inspirado por el verso
final de un soneto de Joaquín Sabina, usado como introducción de su canción “¿Quién
me ha robado el mes de abril?”. A media mañana llevaba dos versos de mi propio
soneto cuando me dieron la noticia de la aparición de mi pequeño. De ahí hasta
esta hora traté de terminarlo lo mejor que pude.
Disculpen, lectores míos, lo burdo de mi
estilo y haberme “plagiado” otra vez a mi sensei.
¿Quién despierta, por ti, de madrugada?
¿Quién retiene tu voz entre un millón?
¿Quién agita la cola a tu llegada?
¿Quién, hijo, te ha mordido el corazón?
¿Quién espera paciente tu regreso?
¿Quién te lleva a tomar el autobús?
¿Quién cambia sus croquetas por tu hueso?
¿Quién pudo acompañarte a Veracruz?
¿Quién oye tan sumiso tu regaño?
¿Quién te huye pero al fin disfruta el
baño?
¡Quién es menos hermano que Caín!
¿Quién deja tus pantuflas en la calle?
¿Quién es tu referencia en todo el Valle?
¡Quién coño se ha llevado a mi Quesín!
Orizaba,
Veracruz a 20 de diciembre de 2014.
viernes, 3 de enero de 2014
LA SED. Una crónica de bar.
"Su texto está más cercano al cuento que a la crónica, la cual
introduce los diálogos en el entrelineado de su descripción; falta también una
cronología de los hechos. Se toma en cuenta la creatividad con que narra su
texto.
CALIFICACIÓN 9 (NUEVE)"
(Ignacio Trejo Fuentes, Instructor del módulo de Crónica del Diplomado en Creación literaria, UV-UAM).
La anécdota es real pero no reuní lo necesario para volverla cuento; resultó un híbrido que no me desagrada tanto. Los detalles son sal y pimienta.
La anécdota es real pero no reuní lo necesario para volverla cuento; resultó un híbrido que no me desagrada tanto. Los detalles son sal y pimienta.
En el reloj de pulsera de Fermín faltaban
ocho minutos para que fueran las tres de la tarde; era uno de esos sábados
calurosos de abril en la ciudad de Orizaba, Veracruz. Apenas alcanzó a doblar la esquina de Oriente 3 hacia Norte 6 cuando escuchó la voz festiva de César a su
espalda.
–¡Qué onda, Fer! ¿Tomo agua o qué?
Un “¡Jajajá!” fue la respuesta de Fermín
desde la acera. Y agregó:
–Pues todavía estamos a tiempo para la
hora del amigo, ¿no?
–Entonces… nomás deja ver dónde
estaciono mi “reuma”.
Eran aquellos gloriosos días en que no
existían los parquímetros.
Total que quedaron de reunirse en el bar
Kuixin, por ser el más cercano y menos ruidoso de los del centro. Fermín aprovechó
los minutos intermedios para hacer una llamada en uno de los teléfonos del
parquecito de Cri-cri.
Un par de ingleses no habrían podido ser más
puntuales que estos dos amigos que, por una de esas casualidades de la vida, terminaron
siendo tres. En el trayecto César se había encontrado con Santitos y, después
del habitual saludo, le espetó la típica
frase
“¿Tomo agua o qué?”, con la que lo había convencido de refrescarse la garganta
junto con ellos.
–¿Qué van a tomar? –inquirió la mesera,
apenas vio que sus potenciales clientes ocupaban una de las mesas junto a la
pared.
–Cerveza –respondió en tono de broma César,
con la discreta complacencia de los otros dos.
–Sí, pero ¡¿de cuáles?!
–No se enoje –concilió Fermín–. Le puede
hacer daño. A mí tráigame una Victoria bien fría.
César coincidió en gusto con Fermín y Santitos
se pidió una Corona. Iban a la mitad de esa primera cerveza cuando la mujer que
los atendía les trajo el caldo correspondiente. Los que han entrado en ese
sitio sabrán que hay una botana diferente por cada día de la semana y, para
evitar malos entendidos, hasta las tienen apuntadas en la pared. (El difunto
“Cuchillo”, que sabía latín, me ilustró alguna vez con que lo que dan en los
bares no son botanas pues éstas deberían ser exclusivamente de vegetales. En
fin.)
A las tres con quince minutos, más o
menos, Santitos pidió la segunda chichiktzin,
como se acostumbra decirle en náhuatl a la cerveza, por su sabor. Mas, luego
que acabó de ordenarla se golpeó la frente con la palma de la mano y se le
salió un infrecuente “¡Chiiingao!”.
–¿Y ahora qué, Santitos? –preguntó
Fermín.
–Se me olvidó ir a la papelería para lo
que me encargó mi hijo.
–Pero ahorita vas y lo compras, ¿no?
Lo cierto es que los sábados casi todos
los establecimientos de la Pluviosilla cierran a las dos o, por muy tarde, a
las tres, por tanto la imagen del desencanto en la cara de Santitos estaba más
que justificada.
–Tranquilo –terció César–. ¿Ya qué
puedes hacer?
–Pues nada, realmente. Tendré que
regresar el lunes a comprar.
–Pero… eso no quita la sed, Santitos
–remató César.
Y después de una carcajada bastante
estruendosa, los tres cofrades hicieron chocar sus botellas y exclamaron
“¡Salud!”. Festejar las ocurrencias de César era algo habitual e inevitable. La única que no compartía esa alegría era la empleada que, llegada
de nuevo al borde de la mesa, botó ante estos escandalosos parroquianos sendos
platitos de plástico con dos empanadas de papa. El exceso de grasa de las
fritangas no fue de importancia para ellos que no tenían empacho en mostrar el
abultado abdomen característico de una vida sedentaria.
A la mitad de la tercera cerveza
Santitos y César se quedaron mirando con extrañeza a Fermín que, después de
haber dado un sorbo a su bebida, fijó la mirada en la etiqueta de la botella y
sonrió para sí. Sin levantar la vista, y adivinando las preguntas que sus
compañeros tenían para él, explicó que el lunes próximo debía entregar unas
enciclopedias que le habían encargado en una escuela de la sierra. El día
anterior había hecho el pedido a la editorial y prometió depositar el dinero,
sin falta, el sábado por la mañana.
–Y qué. ¡Se te olvidó! –adivinó
Santitos.
–Sí, canijo.
–¿Ya no llegas al banco?
–No. Voy a tener que hacer el depósito
el lunes y recibir el material hasta el martes. Pero ya quedé mal con los
maestros de aquella escuela.
–Mira. Lo importante es que estamos bien
–intervino César–. Ya el lunes resolverás cualquier asunto pendiente.
Fermín, como dije antes, sonreía resignado,
pero la sonoridad de las carcajadas volvió a inundar las paredes del pequeño
bar cuando César esgrimió su “Eso no quita la sed”.
La alegre convivencia siguió su curso,
entre comentarios sobre el estado del tiempo, el muy probable fin de la inmortalidad
del cangrejo, el costo de la vida, la portada del número actual de la revista
TVyNovelas, la chica más guapa del barrio, la importancia de la geometría no
euclidiana y demás. Las risas, no faltaron, como tampoco las cervezas ni más
botanas ni la cara furibunda de la mesera. Mucho menos podía faltar el festejo
por la frase del día creada esa tarde.
El calor y la ansiedad que ésta conlleva
habían disminuido un poco, lo que hizo a Fermín echar una mirada a su reloj. Fue en
ese momento que entró en el bar un joven bolero; se detuvo medio metro delante
del marco de la puerta y preguntó a los clientes:
–¿Es de alguno de ustedes un vochito blanco con placas de Puebla, que
estaba aquí a la vuelta?
Después de una pausa agregó:
–Se lo acaba de llevar la grúa.
“¡No mamen!” fue la expresión de César
en el momento de levantarse de su silla y encaminarse a toda prisa hacia la
salida. Se regresó a la mitad de la estancia para poner un billete de cincuenta
pesos sobre la mesa.
–Voy a la delegación por mi carro –dijo
con un tono serio –. Luego nos vemos.
A punto de salir fue detenido por la voz
de Fermín:
–¡César! Pero que no se te olvide.
Con el cuerpo a medias entre la puerta
escuchó la frase a coro:
–¡Eso no quita la sed!
La mesera, junto a la rockola, no pudo
contenerse y se unió a las carcajadas de Santitos y Fermín. César salió por
completo intentando azotar la puerta, lo cual no consiguió ya que las puertas
de algunos bares, como la del “Kuixin”, se abren y se cierran al estilo de un
abanico.
Todavía Santitos dijo a Fermín con toda
la picardía de que era capaz:
–Creo que eso le dio más sed.
Osman López Tlehuactle
Osman López Tlehuactle
viernes, 13 de diciembre de 2013
Viernes trece.
No encuentro el tiempo,
el cielo huele a cebo.
¿Serán las horas
amantes de Morfeo?
Ya no presiento,
se han ido a un viaje eterno
la fe, la duda,
la ciencia y lo que creo.
Relojes mueren
tan sólo de recuerdos,
y luego pasa
la vida sin aliento.
Se va lo cierto
y queda aquí el pretexto
de dar por vivo
a lo que ha estado muerto.
Me canso y sigo,
la causa pierde efecto,
y entonces brilla
un hueco de silencio.
Me está pudriendo
el hígado el veneno
y doy un sorbo,
que mata más el miedo.
Si pienso existo,
si existo ya no pienso;
es relativo
comer, reír... el sueño.
Ya estoy flotando,
mejor me quedo quieto.
Que vuele Psique;
pies, vivan en el suelo.
el cielo huele a cebo.
¿Serán las horas
amantes de Morfeo?
Ya no presiento,
se han ido a un viaje eterno
la fe, la duda,
la ciencia y lo que creo.
Relojes mueren
tan sólo de recuerdos,
y luego pasa
la vida sin aliento.
Se va lo cierto
y queda aquí el pretexto
de dar por vivo
a lo que ha estado muerto.
Me canso y sigo,
la causa pierde efecto,
y entonces brilla
un hueco de silencio.
Me está pudriendo
el hígado el veneno
y doy un sorbo,
que mata más el miedo.
Si pienso existo,
si existo ya no pienso;
es relativo
comer, reír... el sueño.
Ya estoy flotando,
mejor me quedo quieto.
Que vuele Psique;
pies, vivan en el suelo.
Nunca un texto mío en el que predomine la escritura automática ha logrado mi aprobación para ser publicado. Quizá mañana ya quiera modificarle el ochenta por ciento, pero hoy se queda así.
Orizaba, Veracruz, a 13 de diciembre de 2013.
viernes, 8 de marzo de 2013
Todo el palpitar de una canción.
Hoy me acordé de don Agustín Lara y su "Mujer", gracias a que todo mundo se llena la boca con el único día del año que es internacionalmente reconocido como de y para la mujer. La influencia del músico poeta se mezcló con otras en mi mente y logré esbozar lo siguiente. Sé de uno de mis hermanos del alma que aplaudirá la extensión del texto, la cual, por cierto, contrasta con el enorme significado que poseen estas palabras. (El que tenga oídos oiga).
MUJER
Eres mi divino yo
y eres mi yo pecador.
Yo soy tan tú como tú,
que eres tan yo como yo.
Orizaba, Veracruz, a 8 de marzo de 2013.
Dedicado a todas las mujeres, empezando por las que a lo largo de mi vida han estado tan cerca de mí.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Eso que llaman navidad.
Rescaté este texto de hace exactamente nueve años. Con las sacudidas se le cayeron unas palabras mal puestas y tuve que repararlo. Quería publicarlo el 22 de diciembre y no me dio tiempo, pero nunca es tarde.
Es verdad.
El invierno nos arropa
con su aliento de frío anticipado.
Y deambulan por la noche
bufandas, guantes y abrigos
en los cuerpos de unos cuantos.
Es verdad.
La gente construye estrellas,
parpadeantes y pequeñas,
con las luces de sus casas.
Mientras los niños ofrecen,
de puerta en puerta y por un peso,
sus naranjas y limas
en ramas de un árbol cualquiera.
Es verdad.
La navidad inmigrante
se acomoda en los semblantes,
en las bufandas y amigos,
en las naranjas y rimas,
en las estrellas… contigo.
22 de diciembre de 2003 - 22 de diciembre de 2012.
martes, 14 de septiembre de 2010
Ni a mi peor enemigo
Siete veces, desde que tengo memoria, he estado en hospitales. Nunca internado sino acompañando a familiares. Y si agrego las visitas que he hecho a mis amistades, mi conocimiento de lo que se vive en estos sitios es más que suficiente para el texto que ahora presento. Comencé a escribirlo la semana pasada, durante mi más reciente (y nada grata) experiencia en el Hospital del IMSS de la ciudad de Orizaba, Veracruz, y lo termino hoy quizá con más ganas de cambiar unas palabras o de agregarle contenido que en este momento no sé expresar. Dedico los dos últimos cuartetos a ese personal y esos practicantes de cuyos nombres no quiero acordarme.
___________________________________
VIDA DE HOSPITAL
Es veneno alardeando en una espina;
monolito con base de cristal...
Es el monstruo que pone la piel china
desde el taxi la vida de hospital.
Es silencio y murmullos en concierto;
es audiencia efectuando el recital...
Es Babel, es la voz en el desierto;
indolente es la vida de hospital.
Es terror transparente por tus venas,
sed de zombies con guantes y bozal,
conversión de tu sábana en cadenas;
es angustia la vida de hospital.
Es exceso de blanco en los zapatos,
y es escaso el perfil emocional...
El sarcasmo es suplente del buen trato;
es un circo la vida de hospital.
Autoengaño es que vences a la muerte,
que tu ciencia “no sabe de ese mal”,
que tener cobertura es mucha suerte…
eufemística vida de hospital.
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VIDA DE HOSPITAL
Es veneno alardeando en una espina;
monolito con base de cristal...
Es el monstruo que pone la piel china
desde el taxi la vida de hospital.
Es silencio y murmullos en concierto;
es audiencia efectuando el recital...
Es Babel, es la voz en el desierto;
indolente es la vida de hospital.
Es terror transparente por tus venas,
sed de zombies con guantes y bozal,
conversión de tu sábana en cadenas;
es angustia la vida de hospital.
Es exceso de blanco en los zapatos,
y es escaso el perfil emocional...
El sarcasmo es suplente del buen trato;
es un circo la vida de hospital.
Autoengaño es que vences a la muerte,
que tu ciencia “no sabe de ese mal”,
que tener cobertura es mucha suerte…
eufemística vida de hospital.
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