Siete veces, desde que tengo memoria, he estado en hospitales. Nunca internado sino acompañando a familiares. Y si agrego las visitas que he hecho a mis amistades, mi conocimiento de lo que se vive en estos sitios es más que suficiente para el texto que ahora presento. Comencé a escribirlo la semana pasada, durante mi más reciente (y nada grata) experiencia en el Hospital del IMSS de la ciudad de Orizaba, Veracruz, y lo termino hoy quizá con más ganas de cambiar unas palabras o de agregarle contenido que en este momento no sé expresar. Dedico los dos últimos cuartetos a ese personal y esos practicantes de cuyos nombres no quiero acordarme.
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VIDA DE HOSPITAL
Es veneno alardeando en una espina;
monolito con base de cristal...
Es el monstruo que pone la piel china
desde el taxi la vida de hospital.
Es silencio y murmullos en concierto;
es audiencia efectuando el recital...
Es Babel, es la voz en el desierto;
indolente es la vida de hospital.
Es terror transparente por tus venas,
sed de zombies con guantes y bozal,
conversión de tu sábana en cadenas;
es angustia la vida de hospital.
Es exceso de blanco en los zapatos,
y es escaso el perfil emocional...
El sarcasmo es suplente del buen trato;
es un circo la vida de hospital.
Autoengaño es que vences a la muerte,
que tu ciencia “no sabe de ese mal”,
que tener cobertura es mucha suerte…
eufemística vida de hospital.
Este hogar es CAÓTICO. Creemos en el Rock Todopoderoso, en la Inmaculada Música Clásica, en todo trovador que plante su voz entre el cielo y la Tierra y en los ritmos y sones nativos del mundo. Creemos también en lo sublime de la palabra escrita, que vivirá por siempre. Sólo aceptamos propaganda protestante contra lo políticamente correcto. Por favor, no insista; no queremos cambiar de Religión.
martes, 14 de septiembre de 2010
miércoles, 30 de junio de 2010
Nazareth
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Hace algunos años, un señor que conocí por poco tiempo me platicaba que, para él, la mejor prueba de la existencia de Dios era haber sido padre. Pienso que cuando vemos a nuestros hijos o sobrinos "que se menean con nuestros gestos" (Serrat dixit) no podemos dejar de admirar la magia que encierra ese perpetuarnos en los demás. En muchas ocasiones, tampoco podemos evitar sentirnos orgullosos o ser aprensivos con los que llevan nuestra sangre, aunque si observáramos de cerca cómo practican la paternidad la mayoría de los animales aprenderíamos mucho sobre sentimientos.
Mi hija cumplió quince años y después de varios intentos (desde 2003) por fin le terminé su canción. En ella también se puede vislumbrar la presencia de mi hijo pues, juntos, los tres, hemos forjado una de las más exquisitas historias jamás contadas.
Les comparto la letra.
PRINCESA
Con todo a mi manera
en tu creación,
princesa de mis días
de primavera,
acaso fueras
clon de este triste dragón.
A quien -de aliento mío-
vida te dio,
princesa de mis días
de sol de estío,
agradecido
siempre me mostraré yo.
Ser madera de marioneta
no es tu meta;
el cordón umbilical
se hizo para alimentar…
de libertad para volar,
para enseñarte a volar.
Para escapar de Neverland
sin que deba morir Peter Pan.
No sueñes sin espinas
tu corazón,
princesa de mis días
de verde brisa;
es tu sonrisa
donde se acuna el amor.
Si hay cosas que se comparten,
como el arte
a quien lo sabe apreciar,
eres luz universal….
de libertad para volar,
para aprenderte volar.
Para inventar que en Wonderland
sin Malicia se puede reinar.
Sé libertad para volar,
para mirarte volar.
Para lograr ser inmortal
es la sangre de la humanidad.
¡Qué le hago! si un eterno
absurdo soy,
princesa de mis días
de dulce invierno.
Veré el infierno
cuando murmures Adiós.
16 de junio de 2010.
Hace algunos años, un señor que conocí por poco tiempo me platicaba que, para él, la mejor prueba de la existencia de Dios era haber sido padre. Pienso que cuando vemos a nuestros hijos o sobrinos "que se menean con nuestros gestos" (Serrat dixit) no podemos dejar de admirar la magia que encierra ese perpetuarnos en los demás. En muchas ocasiones, tampoco podemos evitar sentirnos orgullosos o ser aprensivos con los que llevan nuestra sangre, aunque si observáramos de cerca cómo practican la paternidad la mayoría de los animales aprenderíamos mucho sobre sentimientos.
Mi hija cumplió quince años y después de varios intentos (desde 2003) por fin le terminé su canción. En ella también se puede vislumbrar la presencia de mi hijo pues, juntos, los tres, hemos forjado una de las más exquisitas historias jamás contadas.
Les comparto la letra.
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PRINCESA
Con todo a mi manera
en tu creación,
princesa de mis días
de primavera,
acaso fueras
clon de este triste dragón.
A quien -de aliento mío-
vida te dio,
princesa de mis días
de sol de estío,
agradecido
siempre me mostraré yo.
Ser madera de marioneta
no es tu meta;
el cordón umbilical
se hizo para alimentar…
de libertad para volar,
para enseñarte a volar.
Para escapar de Neverland
sin que deba morir Peter Pan.
No sueñes sin espinas
tu corazón,
princesa de mis días
de verde brisa;
es tu sonrisa
donde se acuna el amor.
Si hay cosas que se comparten,
como el arte
a quien lo sabe apreciar,
eres luz universal….
de libertad para volar,
para aprenderte volar.
Para inventar que en Wonderland
sin Malicia se puede reinar.
Sé libertad para volar,
para mirarte volar.
Para lograr ser inmortal
es la sangre de la humanidad.
¡Qué le hago! si un eterno
absurdo soy,
princesa de mis días
de dulce invierno.
Veré el infierno
cuando murmures Adiós.
16 de junio de 2010.
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