Hace tres días una abusiva vecina retuvo a
mi hijo Queso en su casa. No puedo decir que lo hizo contra la voluntad del can
pues había una hembra en celo junto a él. Guapo y simpático como cualquiera de mis
hijos, nadie se resiste a su encanto; por eso pensé que alguien se lo había
llevado a su casa, al verlo libre por las calles de la colonia, y que algo peor
no le habría podido pasar pues las
noticias malas siempre tienen alas.
Al segundo día de no ver a nuestro Quesinqui
nos invadió la tristeza pues creímos que se había ido para siempre. Sólo deseábamos
que quien lo tuviera lo tratara mejor que su propia familia (suele suceder), y,
personalmente, estaba arrepentido de no haberlo cuidado lo suficiente y de darle
la libertad que todo ser viviente necesita.
A pesar de eso, hoy, al levantarme, esbocé
un amargo “¿Quién coño me ha robado a mi Quesín?”, inspirado por el verso
final de un soneto de Joaquín Sabina, usado como introducción de su canción “¿Quién
me ha robado el mes de abril?”. A media mañana llevaba dos versos de mi propio
soneto cuando me dieron la noticia de la aparición de mi pequeño. De ahí hasta
esta hora traté de terminarlo lo mejor que pude.
Disculpen, lectores míos, lo burdo de mi
estilo y haberme “plagiado” otra vez a mi sensei.
¿Quién despierta, por ti, de madrugada?
¿Quién retiene tu voz entre un millón?
¿Quién agita la cola a tu llegada?
¿Quién, hijo, te ha mordido el corazón?
¿Quién espera paciente tu regreso?
¿Quién te lleva a tomar el autobús?
¿Quién cambia sus croquetas por tu hueso?
¿Quién pudo acompañarte a Veracruz?
¿Quién oye tan sumiso tu regaño?
¿Quién te huye pero al fin disfruta el
baño?
¡Quién es menos hermano que Caín!
¿Quién deja tus pantuflas en la calle?
¿Quién es tu referencia en todo el Valle?
¡Quién coño se ha llevado a mi Quesín!
Orizaba,
Veracruz a 20 de diciembre de 2014.